Desde la Asociación Gremial de Empleados del Poder Judicial de Córdoba manifestamos nuestra honda preocupación por el doble femicidio ocurrido el pasado sábado en la ciudad de Córdoba, del que fueron víctimas Luna Giardina y su madre Mariel Zamudio y por el cual se encuentra imputado Pablo Laurta, ex pareja de Luna.
A su vez manifestamos nuestro profundo repudio hacia la persistencia de discursos de odio hacia los avances en los derechos de la mujer, del respeto hacia las diversidades y de todas las leyes que muy trabajosamente se han logrado en ese ámbito.
En efecto, lamentamos seguir viendo cómo crece el número de este tipo de delitos, que atacan los derechos fundamentales de las mujeres en un contexto donde los discursos de odio se han vuelto a instalar nada más y nada menos que desde la voz oficial. Es así que el propio presidente de la nación ha manifestado que los derechos de las mujeres y de las personas LGTBIQ+ “son un cáncer que hay que extirpar”, ignorando las desigualdades estructurales que existen en nuestra sociedad y la urgente necesidad de continuar con el impulso de políticas concretas para erradicar esta desigualdad con el objetivo de lograr sociedades más justas, igualitarias y libres de violencia.
No es un dato menor que el imputado por el doble femicidio sea referente de una agrupación que promueve discursos de odio contra la lucha de las mujeres por la igualdad de género, discursos que intentan instalar un manto de sospecha sobre las denuncias presentadas por violencia de género y de esta manera, hacer retroceder varias décadas de derechos ganados gracias a la lucha colectiva de gran parte de la sociedad argentina.
No hay más tiempo para la indiferencia ni para las respuestas tibias: LA VIOLENCIA MACHISTA MATA Y CADA SILENCIO LA PERPETUA. Por lo tanto, como organización sindical comprometida con la lucha y el respeto por los derechos humanos, REAFIRMAMOS NUESTRA TAREA INDECLINABLE DE VISIBILIZAR LAS DESIGUALDADES Y LUCHAR CONTRA TODAS LAS FORMAS DE VIOLENCIA. Hoy el dolor nos atraviesa, pero no nos inmoviliza. Llevamos sus nombres en la voz y en la lucha cotidiana por una vida libre de violencias.


















